sábado, 19 de octubre de 2013

Bar Borsalino (Granada)

Antonio (Borsalino); un hombre tranquilo

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Antonio “El Borsalino”, toda una institución en el barrio de La Cruz. En su Facebook

Vacaciones Granadinas en el mes de Septiembre. Buscando en internet recomendaciones de otros viajeros para el tapeo encuentro “El Café Bar  Borsalino” que, como poco, promete ser curioso. Tuvimos ocasión de descubrir como la personalidad de Antonio Rodríguez, su dueño, lo hace diferente.

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Situado en el antiguamente llamado “Barrio de los toreros”, hoy barrio de La Cruz, no está céntrico –ni mucho menos-, pero resultó estar a un corto paseo de nuestro hotel –que tampoco era céntrico-.

El Borsalino se ubica exactamente en la calle Curro Cuchares, nº 3, bocacalle de la Av. Juan Pablo II. Como referencia, a la altura de un concesionario de Peugeot ya cerrado.

Llegamos a Granada con la hora de comer ya pasada, cansados del palizón de kilómetros que traemos desde León.

Nos instalamos en el hotel y, conociendo su proximidad, nos acercamos con el coche a ver si todavía es posible picar algo.

Descubrimos un bar humilde, de barrio, con las mesas de la terraza llenas; desde el local nos llega la música que suena a toda pastilla: copla española. La primera impresión es buena.

Hay sitio dentro, pero ya se ofrecen a sacarnos mesa y sillas para la calle, donde se está mucho mejor. No hizo falta,  queda una libre y la ocupamos.

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Pedimos las bebidas. Son cerca de las 4 de la tarde y hace un calor –para nosotros- tremendo. Vemos unas ensaladas muy apetecibles y nos disponemos a investigar cual es la oferta gastronómica del local. No hizo falta ni preguntar, recordé en ese momento que El Borsalino se diferenciaba del resto por el desfile de tapas que Antonio va ofreciendo a su libre albedrío.

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Llega Antonio con una ensalada, y ya pregunta si nos gusta la tortilla francesa y los filetes de pechuga... Serian las siguientes. Vienen acompañadas de un plato de pan impregnado en tomate. El tamaño no se corresponde con lo acostumbrado en otros sitios. La tortilla francesa es grande; la pechuga, un filete completo… En El Borsalino no vamos a tomar tapas, queramos o no, vamos a comer.

Como es sábado y hay clientela apenas hay tiempo para entablar conversación con Antonio. Vemos como algunos clientes, también de fuera, llegan atraídos por el personaje.  Tendremos ocasión de conocerlo más a fondo una mañana de diario. Es la hora de comer y con El Borsalino en calma nos dedicó todo su tiempo.

Antonio es un tipo peculiar. Hablas con él cinco minutos y ya percibes la bonhomía que derrocha.

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Como el día de la llegada, la parada a tomar un par de cañas se transformó en una comida en toda regla. Una vez más la bebida llegó acompañada del plato de ensalada, siguió la tortilla francesa, el filete de pollo, pan con tomate, un plato de chipirones, otro de pan con jamón serrano, completamos con una hamburguesa (grande, nada de minis) y; ya el colmo, nos viene con unos trozos de sandia que estaba para chuparse los dedos… Primer plato, segundo… séptimo y postre.

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Elaboraciones sencillas pero sabrosas, preparadas a la plancha. 3 cafés completaron la sobremesa.

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…El postre, también de tapa…

A la hora de pagar casi siento vergüenza por la exigua cantidad que me pide…  cobra las bebidas: 3 cervezas, dos coca-colas y 3 cafés. Antonio, así no te harás rico; pero a esas alturas ya nos habíamos dado cuenta que no es lo que buscas…

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Entre plato y plato, y anuncio del siguiente, tenemos la oportunidad de conversar con él. No estamos en un bar tomando unas tapas; estamos en SU CASA.

Nos interesamos por su historia, El Borsalino lleva aquí 25 años. Nos hace pasar un buen rato con alguna de las muchas anécdotas divertidas que ha vivido y sabe contar con gracia. Con el carácter que gasta tendrá para escribir un libro. Nos enseña alguno de los artículos de prensa o las entrevistas que le han hecho, y también nos pone al día sobre algunos aspectos históricos de Granada que desconocemos.

Descubrimos un hombre tranquilo, que derrocha humanidad, con una particular filosofía de la vida. Conformista en los tiempos difíciles, cuando hay que trabajar más y ganar menos. De su local no se va nadie que lo necesite sin un plato de comida.   “Me adapto a los tiempos, esto es lo que toca vivir”, nos dice.

Desde la 7,30 de la mañana hasta pasadas las doce de la noche atiende el bar. Trabaja en el negocio casi desde niño;  ahora, ya viudo, me quedó la impresión que  ha hecho de él su vida.

El bar es un escaparate de la vida del barrio. Solo esta ocupada otra mesa de la terraza, donde vemos a un hombre con una pequeña caja. Cuando ve la sandía que nos trae Antonio pide también una tapita de lo mismo; intercambiamos algún comentario sobre el buen aspecto del postre. Al poco vemos que llega una mujer y, discretamente, seguimos su presentación y saludo, pues nos llama la atención ver que se han citado sin conocerse. Son coleccionistas de calendarios antiguos y han contactado por Internet, quedando en la terraza del Borsalino para intercambiar ejemplares de su colección.

Antonio charla con ellos y nos muestran algunos de los antiguos calendarios. Les pide uno, se lo regalará a mi mujer cuando nos vamos. Comentamos lo que cocinará para la noche:

Vecinos; si venís por la noche, tengo un  poco de Dorada fresca”.

No hubo tiempo Antonio; seguro que la Dorada nos habría gustado; y todavía más, continuar la charla contigo.

*** Las imágenes sin marca de agua del blog han sido extraídas de la página en Facebook de Antonio, su blog o www.borsalino.es ***

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